
Ayer celebrábamos el Día de la Madre, casi todos con grandes palabras acerca del amor incondicional, el sacrificio y la felicidad. Leyendo muchos comentarios en Twitter, en otros blogs e incluso releyendo lo que yo misma escribí en Uno más en la familia, sentí lo que he sentido cada año desde que soy mamá, que esas palabras se aplican a mi madre, pero no a mí. Siento que no llego a su nivel y que además, ahora los padres tenemos el listón altísimo y debemos cumplir unas condiciones para mí inalcanzables.
Padres, y hablo en plural porque los hombres entran en el saco, que trabajan fuera de casa, llegan agotados pero dispuestos a pasar unas horas de ocio de calidad con sus niños de buen grado. Que mantienen la calma y dialogan ante los enfados y rabietas de los pequeños. Que les dejan expresarse sin inmutarse, caiga quien caiga, porque no se les puede coartar la libertad. Y que sin embargo saben poner límites sin que se note que lo son. Padres que no solo no sienten alivio cuando llega la hora de dormir, sino que se van a la cama con sus hijos porque colechan con ellos. Leer más
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