27 marzo 2016 Psicología

Comprender al niño: cansancio y aislamiento

Hace un cierto tiempo, recibí en mi consulta a una pareja que decía estar preocupada por su hija mayor. Me comentaban que sentían preocupación por el hecho de que la joven, de 11 años, prefiriera estar en el ordenador, leyendo o viendo la televisión en lugar de salir al exterior y estar con sus amigos.

Mi reacción primaria fue de sorpresa y escuché atentamente cada una de las situaciones en las que la niña prefería quedarse en casa, obviando una salida con los padres, una reunión en casa de alguna amiga o, simplemente, conversar con compañeros fuera de casa.

Cada niño se siente presionado ante la exhibición gradual que sufren durante la jornada lectivaDespués, mi consejo, sorpresivo para ellos, fue el siguiente: son los padres los que deben tomar terapia, y no la niña. ¿Por qué se llega a esta conclusión? ¿Cuál es el motivo de que el problema no sea el infante, sino los progenitores?

Ya hablamos en un artículo anterior sobre la posibilidad de elección de los niños. Sin embargo, ¿hay algún problema con residir dentro de casa, y no socializar? ¿Puede ello degenerar en algún inconveniente durante la adolescencia, como una actitud más retraída y reducir la capacidad de estar con otras personas? No.

Tengamos presente que, entre los 6 años y los 18 años (tal vez más si se amplía el período escolar), los niños y adolescentes están socializando permanentemente, pues pasan alrededor de seis horas en la escuela o instituto, y es un lapso de tiempo que les marca durante el resto del día. No solamente están ‘en clase’, como creen los padres, y en estado de constante aprendizaje, sino que están siendo constantemente examinados durante cada minuto de todo el período escolar diario.

Cada niño se siente presionado ante la exhibición gradual que sufren durante la jornada lectiva, ya fuera por su estilo de peinado, su indumentaria o su actitud. En todo momento, tienen la sensación de que alguno de sus compañeros puede considerarle motivo de burla por un problema de cerumen excesivo, llevar un recorte de patillas inapropiado o utilizar un pantalón que, en palabras de algunos jóvenes ‘’haga que se te vea el culo al sentarte’’.

Mientras que, como adultos, estamos subyugados a pagar la luz, el agua, el alquiler, asistir al trabajo y cumplir con los plazos, los jóvenes tienen que lidiar con la tensión que presupone enfrentarse a una masa analítica como pueden ser sus compañeros, tanto los de los mismos niveles como los de otros cursos y demás.

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Y es completamente entendible que, después de una jornada en la que quedan extenuados, tanto física como mentalmente, prefieran permanecer el resto del día dentro de casa. Es legítimo, entendible y aconsejable.

Cada joven es un mundo en si mismo y, mientras que a algunos les sirve como desconexión el salir y estar de nuevo junto a sus compañeros, pues se sienten presionados también ante los padres, algunos prefieren relajarse en casa y sentirse fuera de la presión social. El ambiente hogareño, la familiaridad y demás les hace sentirse más seguros que en el exterior.

Los padres deben hacer terapia y entender que el niño que decide quedarse en casa es porque quiere desconectar del exterior, relajarse con respecto a dicha presión social y dedicarse a matar al tiempo de la forma que crea conveniente hasta que tengan que presentar su mejor gala para regresar al colegio al día siguiente. Es irrelevante si tiene 9, 12, 15 o 18, pues cada grupo presenta unas características similares, adecuadas a su edad, pero con las mismas bases.

Si os enfadáis porque vuestros hijos prefieran quedarse en el ordenador o leyendo, como alternativa a salir con amigos o con vosotros de paseo, no son ellos, en la mayor parte de los casos, los que necesitan terapia.

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