19 junio 2015 Opinión, Otros

fiesta fin curso infantil

Estamos en época de fin de curso y en la mayoría de colegios los profesores preparan fiestas infantiles con las que despedir todo un año repleto de aventuras, obligaciones y, también, encuentros entre las familias. Bailes con los últimos éxitos discográficos, pequeñas obras teatrales imitando a los clásicos o divertidos juegos deportivos en los que mezclar habilidades físicas y emotivas, son sólo algunos de esos espectáculos especiales que nos ofrecen nuestros niños llegadas estas fechas.

Por supuesto que los papás estamos invitados. Así el patio del colegio o el salón de actos se convierten en los escenarios ideales para que los peques nos demuestren sus habilidades y, ¿quién sabe? si sus dotes artísticas que nos van a revelar un futuro lleno de glamour y éxito. Pero ¿Es necesario obligar a los niños a participar en estas fiestas, a demostrar habilidades que, quizás no tengan o no les apetezcan?

Todos los padres deberíamos sentirnos orgullosos de nuestros hijos, sea cual sea su personalidad, sus dotes artísticas o sus habilidades deportivas, el problema es que, a menudo, descargamos en ellos nuestras frustraciones (lo que quise ser, no pude o no me dieron la oportunidad) y, también, esa necesidad de demostrar al mundo lo capaces que somos de dar una educación excelsa y “socialmente correcta”.

Pero son los mismo niños los que nos dan las pautas necesarias para educarlos con el equilibrio perfecto entre la emoción y la educación, sólo es necesario escucharlos, aunque sea sin palabras.

Exponer u obligar a un niño que tiene miedo escénico, a ser visto por un aforo de 200 personas, por mucho que sean los padres, abuelos y primos de sus amigos, es una tortura innecesaria. Hacer cantar a un peque que prefiere dar patadas a un balón o privarle de sus llaves de karate, porque a nosotros nos gusta más el ballet, es, también una crueldad.

Pero ¿quién decide qué actividades deben hacer los niños? Si hablamos de clases extraescolares, sabemos que a final de curso deben hacer su exhibición para que los papás veamos que han aprovechado el tiempo. Si el espectáculo forma parte de las tareas de su clase normal, son los profesores los que tienen que ver cual es la mejor para todos, y que niños pueden o no participar. Pero no creo que, de ningún modo, deba ser obligatorio ¿o a vosotros os gustaría que os lanzaran a un océano lleno de tiburones hambrientos?

Foto | Escuelas Profesionales Sagrada Familia

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