31 marzo 2015 Actualidad

Transexualidad Infantil

No hace ni dos semanas que Sara ha estrenado nombre, después de que el Registro Civil de Lugo aceptara la solicitud realizada por sus padres. Parece ser que es el primer caso en Galicia en el que se reconoce oficialmente un cambio de nombre debido a la identidad sexual.

Esta familia dio el paso para realizar el tránsito social allá por agosto de 2014, cuando tras un viaje, Hugo (que ya tenía pensado el que sería su nuevo nombre) se mostró públicamente vestido de niña – por que así es cómo se sentía -. También fue en ese momento cuando fue libre para jugar con muñecas dónde y con quién quisiera, y contestar que le gustaba el baile, si alguien le preguntaba por sus aficiones.

Hugo nació con caracteres sexuales de varón, pero con sólo un año se sentía niña: simulaba tener el pelo largo con una toalla en la cabeza, se vestía de chica, prefería las muñecas; y no lo hacía como parte de un juego, o para imitar.

Cabría aclarar que si bien el sexo tiene relación con la biología, el género es una concepción más amplia, en la que se mezclan también aspectos sociales y legales. Partiendo de aquí, entendemos la identidad de género como una forma de verse a uno mismo, y que nos hace sentirnos hombres o mujeres. La transexualidad es un fenómeno biológico, más complejo que unas simples manifestaciones corporales.

No tiene que ver con la orientación sexual u atracción emocional por otras personas, ya que las personas transexuales sienten que el sexo que poseen no es el que les corresponde. Ocurre desde que los niños son muy pequeños, y es en función de la aceptación de la familia, que esos niños y esas niñas podrán llegar a sentirse realizados.

Hugo no era un niño

Sus padres han contado con el apoyo de la Asociación Chrysallis, de familias de menores transexuales en España, pero también han sentido incomprensión en algún momento. Fijaros que incluso tuvieron que cambiar de colegio, y desechar orientación psicológica que se aferraba a un diagnóstico de bisexualidad y complejo de Edipo (nada que ver).

Fueron años complicados, pero llegó un momento en que Cristina y Jesús dieron el paso: querían reconocimiento legal, aunque para ello debieran mover cielo y tierra. Afortunadamente la colaboración de la directora del nuevo colegio (estaba claro que la niña mostraba signos distintivos inconfundibles) y un informe de un nuevo profesional de la psicología fueron determinantes. Era el momento: ’Sara poseía identidad sexual femenina’, y eso le había quedado claro hasta al pediatra, quien había observado el disgusto de la niña si se la relacionaba con un nombre masculino.

Sara tiene solo 9 años, pero lleva mucho tiempo sabiendo que cuando creciera sería mujer. Sus padres en cierto modo, la han ayudado a liberarse, y han buscado un entorno que les respete. Las trabas pasadas han quedado en el recuerdo, y el presente les está haciendo fuertes para afrontar los próximos años.

Aunque quedan trámites por resolver, no habrá necesidad de que la niña se esconda los genitales, puesto que ya no debe demostrar que es niña, porque oficialmente lo es. El camino está iniciado.

Foto | Purple Sherbet

También te puede interesar

Comentarios

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *