27 febrero 2016 Actualidad, Salud

Mahe y James2

Después de que Sacra nos hablara sobre un proyecto pionero de Terapia Asistida con Animales que un hospital de A Coruña va a desarrollar, una noticia relacionada (pero sucediendo a miles de kilómetros) llega para conmovernos. Y como una imagen vale más que mil palabras, no tenéis más que observar las fotos con las que ilustro el post, para comprobar que, no solo es cierto que “el perro es el mejor amigo del hombre”, sino que en muchos casos, también es el cuidador más fiel y paciente para un niño.

James tiene autismo, y Mahe (su perra, una labrador) le comprende como nadie, y además suele ayudar a que los propios padres de James, también le entiendan un poquito más. Dudo mucho que nadie sepa explicar con palabras cómo es el lazo afectivo que ambos han establecido: no hay más que verles durante una reciente estancia en el hospital donde el pequeño fue llevado para que le hicieran pruebas que determinaran el origen de las convulsiones que sufría.

Según cuentan diversos medios internacionales, el can es importantísimo en la vida de la familia, y su llegada marcó un antes y un después. El peque tiene 9 años y no habla ni mantiene contacto visual, antes era frecuente que no fuera capaz ni de esperar que sus padres se tomaran un café, pero esto no ocurre cuando la perra está a su lado; además cuenta con ella también para que le contenga por si acaso echa a correr hacia cualquier dirección indeterminada, acción que le podría poner en peligro.

Mahe: la perra que es cuidadora y terapeuta de su pequeño dueño

Mahe se mantuvo junto a su pequeño dueño incluso mientras el equipo médico le anestesiara en un Hospital Infantil de Nueva Zelanda, y cuando ya no le dejaron permanecer más, consoló a la madre. De regreso a la habitación, no hubo quien le sacara de encima de la cama; he de decir que celebro muchísimo que también la permitieran quedarse para cuidarle.

El amor que la mirada de Mahe transmite no me cabe en el pecho, y aunque James tiene unos padres que (y no dudo acerca de esta afirmación mía) se desviven por él, todos sabemos – y algunos lo vivís de muy cerca – lo que supone para el cuidador principal, hacerse cargo de una persona dependiente, y la forma en como este hecho afecta a todo el entorno. Con toda seguridad, la perra no lo vive igual: parece tener claras cuáles son sus únicas prioridades, y no necesita más vida que la que tiene al lado del niño.

Vía | Telegraph

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