5 mayo 2016 Educación

Padres discutiendo

Las familias son el primer contacto que tienen los niños con las normas de educación y convivencia. A partir de lo que vivan y vean en casa, así se irá formando su carácter y su manera de comportarse con el resto del mundo. Por eso es importante que sepamos entregarles una base sólida y respetuosa, haciéndoles ver, no sólo con nuestras palabras, también con el ejemplo, que es importante y necesario convivir en un espacio sin violencia donde todas las partes sean escuchadas y respetadas.

Pero a estas alturas nadie se puede creer que a lo largo de la convivencia entre las parejas no existan momentos de fricción, discusiones cotidianas y puntos de vista enfrentados que no siempre sabemos resolver de la forma más pacífica. Aunque cada caso es un mundo, lo mejor es ponerse en el lugar de nuestro niño y ver como lo sufre él, al ver a sus padres enfrentados. ¿Alguna vez te lo has preguntado?

Desde la Universidad Pontificia Comillas de Madrid, nos llega un estudio realizado a más de 300 niños, a los que se les ha preguntado sobre sus sentimientos en torno a esta cuestión. El sentimiento más generalizado, ante las discusiones de los padres, es el de tristeza, seguido de preocupación y enfado. También aparecían otros sentimientos como susto, sorpresa o indiferencia.

Si partimos de la base de que los niños repiten los patrones que ven en casa, se comprueba que aquellos pequeños que están más expuestos a estas discusiones, y que suelen ser más habituales en sus hogares, presentan un comportamiento más violento y agresivo, llegando incluso a tener comportamientos delictivos.

Pero ¿qué podemos hacer?:

  • Lo ideal sería evitar discutir delante de los hijos, pero si ha saltado la chispa, intentar que ese enfrentamiento sea a través de un diálogo respetuoso y no un enfrentamiento violento. Evita los insultos, amenazas o gritos.
  • Evita hacer referencia a los niños, ni los introduzcas en el enfrentamiento, ésto sólo haría que se sientan culpables.
  • En un debate no hay que imponer nuestra idea sobre la del otro, simplemente debemos llegar a un consenso a través de una negociación. Así ellos también entenderán que nadie está por encima del otro, regla que podrán aplicar el resto de su vida.

Vía | Consumer
Foto | Agencia Fe

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