27 octubre 2015

Mi primer danone

La leche es el primer alimento de nuestro bebé y formará parte de su dieta durante toda su vida. Será el único alimento que tome durante los primeros seis meses y el principal hasta que cumpla su primer año. Durante esa etapa entre los 6 y los 12 meses, el bebé comienza a tomar derivados lácteos como complemento a su dieta y, debemos procurar que sean sanos, adecuados para su edad y con un sabor agradable para que su introducción sea sencilla.

Mi Primer Danone: el lácteo para bebés

A partir de los 6 meses, hasta los 24, nuestro bebé ya puede tomar Mi Primer Danone, un lácteo fresco elaborado con leche de continuación. Al dárselo no solo estaremos introduciendo un nuevo sabor en su alimentación diaria, además sabremos que en cada cucharadita que tome le estará aportando a nuestro hijo:

  • Calcio, que es necesario para el desarrollo sano de sus huesos.
  • Hierro, necesario para el normal desarrollo cognitivo.
  • Ácidos Grasos, que son esenciales para su normal crecimiento
  • Vitaminas y Minerales, que completan su dieta.

Así estarás ayudando a tu bebé a crecer sano y fuerte con los nutrientes que necesita su cuerpecito en esta fase del crecimiento.

La diversificación de la dieta

Nuestro bebé al nacer solo podrá tomar leche, materna o de fórmula, hasta que cumpla seis meses. En ese momento comienza la diversificación alimentaria, es decir, la introducción de nuevos alimentos en su dieta para completar los nutrientes que su cuerpo requiere a medida que va creciendo. Aunque la leche seguirá siendo su alimento principal al menos otros seis meses más, ya no será suficiente por sí sola y deberá ser complementada con otros alimentos. Tu pediatra será quien te indique cuales, a que ritmo y en que orden puedes ir añadiéndolos. Ten en cuenta que tu hijo debe acostumbrarse a los nuevos sabores y texturas y eso también requiere su tiempo. Se recomienda ofrecer cada nuevo alimento seis veces antes de dar por supuesto que a nuestro hijo no le gusta.

La recomendación de la Organización Mundial de la Salud (OMS) y de la Organización de Consumidores y Usuarios (OCU), es que la diversificación de la dieta comience a partir de los seis meses, ya que si lo hiciéramos antes el organismo del bebé podría no tolerar bien los nuevos alimentos causándole alergias alimentarias. De hecho algunos alimentos más alergénicos como el pescado, no los probará hasta cumplido el primer año.

Mi primer danone

La alimentación del bebé

Hasta que nuestro hijo cumple el primer año de vida la leche es parte primordial de su dieta. Durante los primeros seis meses la Asociación Española de Pediatría, entre otras organizaciones, recomienda la lactancia materna como alimento exclusivo hasta los 6 meses. Y, si no fuera posible amamantar, alimentar al bebé con leche de fórmula. A partir de los 6 meses la recomendación es ir introduciendo nuevos alimentos paulatinamente junto a la leche, que seguirá siendo parte importante de su alimentación. El pediatra, como decíamos antes, será quien deba indicar las pautas para iniciar la alimentación complementaria, introduciendo cereales, fruta, verdura y lácteos de forma gradual y pausada, que se combinarán con la leche que aún será su alimento principal. En esta etapa puede empezar a tomar una leche que se adapte a sus necesidades nutricionales, que van cambiando al mismo ritmo que el bebé, como la leche de continuación.

La leche de continuación: de los 6 a los 12 meses

Entre los seis meses y el primer año de edad nuestro hijo puede tomar leche de continuación como alimento de transición en esta etapa, como complemento o alternativa a la leche materna. La OMS recomienda dar leche de continuación hasta que el bebé cumple un año, en lugar de leche de vaca ya que esta, cuando no está tratada, tiene un contenido muy bajo en hierro, minerales y vitaminas, mientras que contiene una alta concentración de grasas saturadas no adecuadas para un bebé tan pequeño.

Si bien la leche de continuación utiliza como ingrediente base la leche de vaca, su composición está modificada para tratar de conseguir una leche parecida a la materna y con nutrientes adecuados a las necesidades del bebé. A la leche de vaca se le reduce la concentración de proteínas, se le cambian parte de las grasas saturadas por grasas vegetales y, se le añaden una serie de nutrientes imprescindibles para el bebé, como vitaminas, aminoácidos, sustancias nitrogenadas, sales minerales y hierro. Desde hace poco también se está empleando como base la leche de soja en la elaboración de algunas leches de continuación.

Beneficios de la leche materna

La leche materna es la mejor opción para el bebé durante sus seis primeros meses de vida, según los expertos. Es una leche única, natural y diferente en cada mujer. Su composición se adecua en cada toma a las necesidades del bebé y varía según va creciendo el niño ofreciéndole los nutrientes que necesita en cada fase de su desarrollo durante esos primeros meses.

Es sabido que la lactancia natural materna aporta al bebé numerosos beneficios.

La leche de fórmula: sus primeros 6 meses

En ocasiones, por diferentes motivos, la lactancia materna no es posible. Afortunadamente las madres contamos con otra opción para alimentar a nuestro bebé, la lactancia artificial a base de leche de fórmula.

La OMS y otras instituciones supervisan y establecen rigurosas directrices para garantizar la calidad de la composición de la leche de fórmula que, actualmente y tras más de 100 años de investigaciones, es una alternativa segura para la alimentación del bebé cuando la lactancia materna natural no es posible.

La leche de fórmula se prepara a partir de leche de vaca modificada y, en algunas variedades más recientes también a partir de soja. Su composición se asemeja lo máximo posible y, cada vez más, a la leche materna, que está preparada para alimentar al bebé desde su nacimiento. Para elaborar la leche de fórmula se disminuye la cantidad de proteínas que contiene la leche de vaca y se añaden, entre otros, aceites vegetales, hidratos de carbono y minerales. Así se mejora su composición nutricional permitiendo que el bebé esté correctamente alimentado incluso cuando su madre no puede alimentarle de forma natural.

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