
En la madrugada del domingo, 31 de octubre, habrá que retrasar una hora todos los relojes. Un cambio que obedece a la necesidad de ahorrar en energía lumínica. Los expertos calculan que el ahorro alcanza un cinco por ciento. Sin embargo, las consecuencias de este cambio produce también un desfase en los hábitos diarios de las personas, incluidos los niños a los que hay veces que nos olvidamos que les afectan las cosas tanto o más que a los adultos.
Y es que estamos hablando de una hora que nos restará de hacer muchas actividades al aire libre con los niños, tan necesarias para ellos a diario. Con el nuevo horario tendremos menos ocasiones de hacer deporte en la calle, dar un paseo o jugar un ratito más en el parque. Todo ello porque aunque amanece antes y hay luz antes, también la noche llegará una hora antes.
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