18 julio 2015 Crecimiento, Opinión

A veces es muy difícil saciar la curiosidad infantil

La abuela de una niña de tres años traslada una pregunta de su nieta por Twitter a Cady Coleman, conocida científica y astronauta estadounidense: ¿Existen las sirenas en el espacio?. La astronauta responde: No lo sabemos y por eso exploramos. Quizá encontremos cosas más bellas que las sirenas. La curiosidad de los niños es buena y estimulante, los padres debemos favorecerla y en lo posible tratar de saciarla, pero a veces es agotadora. Hay niños que se conforman con lo que les cuentas y otros que siempre quieren llegar al final del asunto, y cuando este no tiene fin o el peque no tiene edad para entender lo que pregunta, puede resultar frustrante para las dos partes. En casa procuramos no dejarnos llevar por la desesperación pero los dos niños son inconformistas, preguntones y muy curiosos.

Aunque disfrutamos y participamos activamente de esa curiosidad hay veces que nos supera. No nos importa nada decirles que no sabemos la respuesta y tenemos que buscarla, pero algunas veces es tan complicada que aún encontrándola no sabemos responder. A mi me resulta especialmente difícil dar respuestas adaptadas a la edad, por eso me ha gustado tanto la respuesta de Coleman, yo me hubiera metido en un jardín.

Si mi hijo me pregunta porqué ahora Plutón es un planeta enano, yo le respondo la verdad pero de ahí pasa a preguntar si hay más como él y buscamos los nombres. Una vez metidos en faena va preguntando por todo lo que no comprende o le llama la atención, que es un satélite, que es el cinturón de asteroides, donde va la New Horizons ahora…qué hay en el centro de nuestra galaxia. Hasta aquí llegué ayer, después de mirar recreaciones de planetas fuera de nuestro Sistema Solar, de enseñarle que somos un pequeño puntito en la galaxia quiso saber que hay en el centro, lo miré y pone que probablemente un enorme agujero negro, algo que me niego a explicarle a un niño de 4 años, así que le dije que está tan lejos que aún no se sabe. Me niego porque no voy a saber contarlo para que lo entienda, simplemente.

Estoy temiendo por donde va a seguir, porque estas conversaciones duran ya varios meses. Procesa las respuestas en su cabecita y de pronto, horas o días después salta con una nueva pregunta y no dejará de hacerla hasta que esté satisfecho. Es fantástico que sea tan curioso y que sepa “tanto” sobre el espacio, pero con frecuencia envidio a los padres y madres que saben contentar a sus niños con respuestas simples.

Aunque creo que no todo es culpa mía, recuerdo que una vez mi hija que tendría 5 o 6 años, me preguntó algo y le dije que de eso sabía más su tía. Su tía tiene esa facilidad para responder adecuadamente y yo sabía que el tema se me podía complicar. Llamó, preguntó, escuchó y se despidió. Al colgar me dijo “vale mamá ahora cuéntamelo tu”. Por supuesto me metí en el lío y terminé explicándole que a veces hay cosas que no se pueden comprender sin saber otras antes. Que no tuviera prisa que todo llegaría.

Y tu, ¿eres de los que saben ponerse a la altura y responder adecuadamente o te complicas la vida como yo?

Foto | Flickr-Allen County

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