24 junio 2014 Actualidad, Opinión

Leonor y Sofia protagonistas

Parece que fue ayer mismo cuando dábamos la noticia del nacimiento de estas niñas que venían a aumentar el número de pequeños en el Palacio Real. Siendo su padre el heredero al trono, las niñas se convertían en Infantas que han ido creciendo, como dicta el protocolo, con todas las comodidades y necesidades educacionales que dictan este tipo de personajes, algo que han podido demostrar, hace sólo unos días, cuando se tuvieron que enfrentar a una de las pruebas más importantes de sus vidas: la coronación y proclamación de su padre como rey de España con el nombre de Felipe VI.

Las niñas acompañaron a sus padres en todo momento en los distintos escenarios en los que tuvieron que estar presentes. Sus padres, a su vez, también estuvieron pendientes de las niñas con el fin de ofrecerles la atención que necesitaban, no debemos olvidar que aunque con una educación exquisita y especialmente refinada, los niños son niños siempre y pueden caer en algún que otro “despiste”. Este no fue el caso y tanto la Princesa Leonor como la Infanta Sofía supieron estar a la altura de las circunstancias.

Ambas demostraron ser toda unas expertas en protocolo. De este modo cuando no sabían bien donde debían colocarse le preguntaban a su madre o la abuela Sofía. También entendieron que para saludar se habían acabado los besos y ahora tocaba estrechar la mano. Pequeños gestos que hicieron que, para sus padres, fuera un día perfecto en el que se abría una puerta importantísima hacia el futuro histórico de nuestro país.

Las niñas acompañaron a sus padres hasta el Congreso donde se sentaron en la tribuna, junto a su madre, mientras oían como su padre, ya Rey, les mencionaba en su discurso. También aplaudieron a su abuela y le saludaron desde la distancia. Después, en el balcón del Palacio de Oriente, subidas a sus taburetes, pudieron comprobar como la plaza se llenaba de madrileños que no querían dejar de ser testigos de un hecho tan importante.

En definitiva: dos niñas, como tantas, pero que ya llevan sobre sus hombros el peso de toda una nación.

Foto | Di Viero

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