14 marzo 2011 Crecimiento, Opinión, Otros

La curiosidad insaciable de los niños y sus dificiles preguntas
Todos los niños son curiosos y preguntones, es normal y sano, pero cuando son pequeños puede llegar a ser muy complicado. Mi niña, como todos los que conozco de su edad, 4 años y medio, pregunta y pregunta sin cesar. Yo procuro no cansarme de responder, aunque a veces agota, pero lo más complicado es dar explicaciones que pueda entender.

No se si os ocurre lo mismo o yo estoy muy escasa de imaginación e inteligencia emocional. Por ejemplo, ¿cómo le explico a mi niña donde están los pensamientos? Sabe que se crean en el cerebro, pero al ver una radiografía pregunta donde están. La respuesta fácil es que no se ven, pero no le sirve, quiere saber porque, y podemos terminar hablando de electricidad. Como esa tenemos varias preguntas diarias, como absorbe la piel la crema, porque no puede casarse con su hermano, porque nos morimos, porque las medicinas dan fuerzas a los bichitos buenos y no a los malos, porque se hace de noche…

Pero no todas son filosóficas o sobre el cuerpo, también me hace entrar en google. Ahora sus preguntas giran sobre los petardos, como se hacen, de donde sale la pólvora, como explotan, como vuelan, porque hacen ruido…así hasta que o bien sacie su curiosidad y sepa todo sobre los petardos, o bien se canse y piense que mamá no lo sabe todo. Esto último también es dificil de explicar a una niña de su edad.

Me resulta muy interesante y fomento que pregunte por todo y no se contente con cualquier respuesta. Algunas me hacen mucha gracia, pero otras me agotan y sobre todo me bloquean, ¿cómo hizo Dios a las personas?, no le voy a contar la historia del barro y las costillas, pero tampoco le puedo explicar el origen de la Tierra. Es imposible que entienda términos de tiempo tan extensos.

¿Cómo lo solucionaís?, ¿os sentís igual? Sería genial leer vuestras experiencias, quizá así aprenda a responder mejor. De momento estoy buscando la colección Era sé una vez.. que creo que me puede ayudar mucho. Lo malo es que cuesta 1.200 euros, nada menos.

Foto | Flickr-dsevilla

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