11 septiembre 2010 Actualidad, Educación, Opinión

Los niños chillones pueden ser expulsados del local
Olde Salty’s es un restaurante situado a la orilla del mar en Carolina del Norte. Su especialidad es el marisco preparado de diferentes maneras y ha sido considerado por el Washington Post como uno de los mejores de su zona. En principio no tiene mayor interés a no ser que vayas a visitar la zona. Sin embargo está en las páginas de muchos de los periódicos más importantes. El motivo, un cartel que han puesto a la entrada “Los niños gritones no serán tolerados”. La dueña del restaurante lo tiene claro, está harta de que sus clientes se quejen de los padres que no son capaces de controlar a sus hijos.

No se trata de prohibir la entrada a los niños, sino de permitir que todos disfruten de la comida en paz. Así, si un niño grita, corre o tiene una actitud molesta, un empleado del restaurante pedirá a los padres que lo saquen del local hasta que se calme. Según la dueña la medida está siendo un éxito y tienen más clientes que nunca. Aunque, como era de esperar, ha recibido críticas.

Algunos padres consiederan que no se puede discrimiar a sus hijos, que los niños son niños y como tal se comportan y que no se les puede controlar constantemente. Cada vez hay más negocios que aplican o intentan aplicar políticas similares, pasajeros que piden viajar en avión sin niños o que haya zonas específicas y hoteles sólo para adultos.

El problema no son los niños, son sus padres. Cada uno educamos a nuestros hijos como nos parece mejor, pero si tu opción es darles libertad, no poner límites y aceptar que son niños, entonces no pueden compartir determinados espacios con otras personas. Vivimos en sociedad y la primera regla es no molestar, los demás no tenemos porque sufrir tanta libertad.

Pero esto no sucede sólo en lugares con adultos. En el parque hay gran diferencia entre los niños cuyos padres están pendientes y los que les dejan a su aire. Mientras unos pasan la hora o dos horas en los columpios repitiendo frases como “hay que compartir“, “es su turno, te toca esperar un poquito“, “eso no es tuyo, pide permiso“, etc. otros se sientan tranquilamente y dejan que sus hijos aprendan o impongan las normas de convivencia por sí mismos.

No siempre se puede calmar a un niño, pero ¿de verdad hay que esperar a que alguien te invite a salir?.

Vía | Telecinco
Foto | Island Gazette

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