En los últimos tiempos se ha puesto de moda prohibir a los niños la entrada a algunos lugares públicos. Es así como ya existen hoteles "libres" de niños, restaurantes en los que no los admiten o medios de transporte en los que no se les miran con buenos ojos. El caso de los aviones, por ejemplo, es uno de los más llamativos, sobre todo porque, generalmente, se trata de viajes largos en los que los pequeños pueden cansarse, aburrirse y, por lo tanto, reaccionar de un modo poco adecuado para el descanso del resto de pasajeros.
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