15 febrero 2011 Crecimiento, Psicología, Salud

El amor fortalece el sistema inmunológico de los niños
Juan Casado Flores, jefe de servicio de Pediatría del Hospital Infantil Universitario Niño Jesús y profesor de Pediatría de la Universidad Autónoma de Madrid, afirma que, “existe una relación bien definida y contrastada científicamente que evidencia que el afecto de los padres influye positivamente en la salud de los hijos”. El doctor pone algún ejemplo, como que los pequeños están mejor alimentados y hay una menor tasa de diabetes, obesidad y otras patologías. También influye en la mejor respuesta del organismo del niño ante problemas como la anorexia o la bulimia.

Por otro lado, “los niños sin afecto tienen un sistema inmunitario más débil y contraen más infecciones. Esto se ve muy claramente en los antiguos orfanatos, donde los chavales crecían en un entorno con un déficit crónico de afecto. En estas poblaciones se constató una mayor morbilidad por infecciones que, con el paso del tiempo, se ha comprobado que tiene relación con un debilitamiento del sistema inmunológico. Se ha comprobado que los niños que crecen con un entorno positivamente afectivo tienen un sistema inmunológico más fuerte, que les protege mejor de las infecciones y que, incluso, tienen una talla media más alta”.

Dar amor a nuestros niños es darles palabras cariñosas, caricias y mimos, pero también repeto y atención a sus necesidades, preocupaciones y deseos. Los hijos necesitan que sus padres les dediquemos más o menos tiempo, pero de calidad. Ratos en que el niño es el centro de la actividad, y que no estamos pendientes de nada más.

Además es más importante el ejemplo que las palabras. El niño va asimilando nuestra forma de actuar y tiende a repetir los mismos patrones. El doctor Casado lo explica así, “Los niños no aprenden sobre todo de los sermones de los padres, sino que se fijan en el comportamiento que ven en el entorno en el que se crían. Los niños que padecen de manera continuada desprecio (con miradas, gestos o frases), maltratos o que están aislados en su propia familia, tienen un mayor riesgo de presentar un desarrollo psicológico desequilibrado. El criarse en un ambiente violento o sin respeto, lleva al niño a interpretar que eso es lo normal, asimilándolo e interiorizándolo. Todo ello hace que haya una mayor probabilidad de que ese niño, una vez que ha crecido y se ha hecho adulto, manifieste actitudes violentas en su entorno familiar o de pareja”.

Vía | Diario Información
Foto | Flickr-Photos by Zoe

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