13 mayo 2015 Alimentación, Salud

máquinas expendedoras alimentos colegio

A principios del verano de 2010, el Ministerio de Sanidad respaldado por las comunidades autónomas, acordó limitar la venta de ciertos alimentos en las escuelas de secundaria, y retirar máquinas expendedoras de alimentos y bebidas en centros de Educación Primaria con financiación pública (es decir, incluyendo los concertados). La intención era dificultar el consumo de los alimentos que se consideran ‘poco saludables’, entre los cuales están los muy azucarados, o con mucha sal, y por supuesto aquellos que contienen grasas ‘trans’.

Un año después se aprobó La ley de Seguridad Alimentaria y Nutrición, que regulaba estos y otros aspectos. El desarrollo de la Ley limitaría los alimentos / bebidas que podrían contener, y cuáles no. De entrada, cualquier producto de más de 200 calorías, ‘trans’, bebidas azucaradas o conteniendo más de 0,5 gramos de sal, estaría vetado. Esta fue una acción muy importante enmarcada en la Estrategia Naos adoptada algunos años antes, con el objetivo claro de reducir las tasas de sobrepeso y obesidad infantil en España.

Tasas que no son para tomar a broma, pues según la Fundación Thao (entidad de referencia), hace un año, ‘más de uno de cada cuatro niños’ se veían afectados

Alimentación saludable: factor clave de un buen desarrollo

Vivimos rodeados de mitos, y la nutrición no es una faceta de nuestras vidas que se escape de ello. La alimentación de niños y adultos debe ser saludable y por ende ‘equilibrada’, no sólo para favorecer el equilibrio entre ingesta y gasto energético; sino porque hay alimentos que por sí solos ya son dañinos, como es el caso de los transgrasos (procesados, fritos, mantequillas…) para las arterias y el corazón.

Quiero decir que eso que oímos a veces ‘los niños lo queman todo’ no es del todo cierto, y no sólo depende de la cantidad de ejercicio físico que realicen. Y por otra parte, en más de una ocasión asumimos creencias erróneas, que los nutricionistas van desmontando. Se pueden contar por decenas, pero – por ejemplo – las galletas del desayuno ya puedes ir considerándolas como bollería industrial..

Otra frase que nos encanta decir: ‘total una golosina, un flan, un paquete de snacks, un bollo, un…, no harán que mi hijo sea obeso’. Entiendo el planteamiento, pero ¿lo decimos pensando de verdad en lo que comen nuestros hijos y las veces que somos permisivos o es un ‘hablar por hablar’?. Porque hablando con otras familias yo me encuentro de todo, y personalmente prefiero ser ‘la mala’ (se les pasa pronto, ya sabéis) para mis hijos, que inculcarles hábitos insanos.

Este no es un post para hablar sobre los principios de la alimentación saludable (que creo complicado resumir en un espacio de estas características) sino para revisar de nuevo la presencia de máquinas expendedoras en colegios, conteniendo alimentos insanos, y todo a pesar de la existencia de regulación.

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Si está regulado, ¿cómo es posible que en las escuelas se permita la presencia de …?

De (por ejemplo) bebidas azucaradas y ¡con cafeína! No me lo invento, resulta que no se realiza supervisión para vigilar el cumplimiento de las recomendaciones. Lo he leído en una entrevista reciente a Miguel Angel Royo Bordonada, del Instituto de Salud Carlos III.

Antes del desarrollo de la normativa, la CECU hizo visible que en los colegios privados y concertados de la Comunidad de Madrid, se estaba vendiendo alimentos y bebidas potencialmente dañinos a menores de edad. A día de hoy se viven situaciones similares, y no sólo en la comunidad autónoma mencionada.

Respondiendo a la pregunta, se me ocurre que la industria alimentaria responde a unos intereses que no siempre coinciden con los de padres y educadores; y encuentran resquicios por los que colarse, vaya si los encuentran. Y no sólo se ayudan con la presencia, sino con poderosas técnicas de marketing que utilizan a personas / personajes populares entre los niños, el alcance es casi ilimitado gracias a los medios audiovisuales, redes sociales incluidas.

¿No a las máquinas expendedoras?

Lejos de mi intención realizar tal sugerencia, pero si que es necesario limitar de forma práctica y sensata, determinados alimentos. El documento de consenso sobre alimentación en los centros escolares, se basa en reclamaciones del Parlamento Europeo. No es casualidad la preocupación de autoridades sanitarias y educativas de todo el mundo, puesto que según la OMS está clarísima la relación entre obesidad y consumo de alimentos muy energéticos y pobres en nutrientes. A pesar de ello, los más pequeños siguen realizando un consumo elevado de estos alimentos.

Os lo cuento de otra manera: si no van a desaparecer estos dispensadores de Institutos y colegios concertados / privados (la práctica de momento no se extiende a la escuela pública); por lo menos sí que sería deseable excluir determinados alimentos, y que se cumplieran los siguientes criterios nutricionales, basados en el documento de consenso de Naos:

  • Un valor energético máximo de 200 kilocalorías.
  • El 35%, como máximo, de las kilocalorías procederán de la grasa. Para una porción con menos de 200 kilocalorías, esto equivale a un contenido máximo de 7,8 gramos de grasas.
  • El 10%, como máximo, de las kilocalorías procederán de las grasas saturadas. Para una porción de 200 kilocalorías, esto equivale a un contenido máximo de 2,2 gramos de grasas saturadas.
  • Ausencia de ácidos grasos trans, excepto los presentes de forma natural en productos lácteos y cárnicos.
  • El 30%, como máximo, de las kilocalorías procederán de los azúcares totales. Para una porción de 200 kiloca- lorías, esto equivale a un contenido máximo de 15 gramos de azúcares.
  • Un máximo de 0,5 g de sal (0,2 g de sodio).
  • No contendrán edulcorantes artificiales.
  • No contendrán cafeína u otras sustancias estimulantes, excepto las presentes de forma natural en el cacao.

Tareas pendientes

La publicidad de alimentos dirigida a niños, debe regularse, y debe regularse con seriedad y voluntad, estamos totalmente desprotegidos, pero además:

  • Se debe exigir coherencia a los centros educativos, como las familias, tienen mucha responsabilidad en el desarrollo de los niños. Tiene poco sentido promover el ‘día de la fruta’ y tener una máquina con bollos y refrescos en el vestíbulo de la escuela.
  • ¿Y las familias? Es evidente que también tienen responsabilidad, si un niño no tiene dinero de bolsillo, no se comprará nada; se puede también, hacer valer el derecho a la salud de los hijos mediante la representación en los órganos correspondientes del colegio, o manteniendo una conversación con el equipo directivo.
  • Claro que, quizás todo deba empezar por una información más adecuada en materia de nutrición y salud infantil.
  • El punto anterior permitirá actuar no sólo como modelos de cara a los niños, sino modificando los hábitos alimentarios en el hogar. A un padre / una madre concienciado no hace falta que le señalen un día para llevar fruta al colegio, porque a diario ofrece fruta como postre de las comidas familiares, es un ejemplo.
  • ¿Qué me decís de los presupuestos de la administración destinados a promover la alimentación saludable? Pues se notan bien poco, la verdad, fundamentalmente porque la industria invierte mucho más en publicidad, aunque a veces los ciudadanos también intuimos cierta falta de interés.

Diréis (y es cierto) ‘es que la comida saludable no necesita publicitarse porque todos conocemos sus virtudes’, sí pero… El pero es que un niño / adolescente no piensa con la misma lógica que los adultos, y quedan mucho más vulnerables a las técnicas de propaganda, por eso es preciso que pongamos más énfasis

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Yo creo que en definitiva se trata de responsabilidad, porque si no la introducimos como factor, difícilmente se podrá combatir el incremento de sobrepeso u obesidad en población infantil. Y no sólo eso: es que todas las enfermedades asociadas son fácilmente prevenibles mediante buenos hábitos en alimentación y ejercicio físico.

El tema es lo suficientemente importante como para ser abordado de forma conjunta, veréis, poco después de la puesta en marcha oficial de las acciones que menciono al principio, la Asociación Española de Pediatría de Atención Primaria, cuestionaba la medida como eficaz al 100 %. Estoy de acuerdo, de hecho en Estados Unidos hay incluso un estudio afirmando que los niños no beben menos refrescos azucarados por eliminarlos de las máquinas en los colegios. Pero ¿qué tal si vamos todos a una?, ahí si que se notarían los efectos ¿verdad?. Y cuanto digo TODOS, incluyo a la industria, y a las grandes corporaciones propietarias de medios de información audiovisuales, pensando en conjunto en que de verdad queremos ayudar a reducir las tasas de obesidad.

Un ejemplo de buenas prácticas (y es que siempre tenemos que fijarnos en las mejores experiencias) es Childrens Food Trust en el Reino Unido: un buen asesoramiento y una completa guía, ayuda a gestores de centros educativos en la toma de decisiones, y guía en los procesos, para que el entorno escolar ofrezca alimentos saludables.

Fotos | Flickr-derekv2, Flickr-USDAgov (segunda y tercera).

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