4 mayo 2015 Entretenimiento, Salud

No más de una hora de televisión

Si asumimos que la prevención del sobrepeso y obesidad en la infancia, pasa por conseguir el equilibrio energético, podemos incidir sobre la alimentación y el sedentarismo, para combatir las que a día de hoy son consideradas epidemias, según la Organización Mundial de la Salud. Los niños actuales son más sedentarios de lo que éramos nosotros, especialmente los que residen en entornos urbanos, no ayuda mucho realizar varios desplazamientos en vehículo para ir a la escuela o a las actividades extraescolares; tampoco ayuda la utilización excesiva de medios de ocio audiovisuales.

En este sentido los padres siempre andamos buscando el equilibrio, y nos preguntamos continuamente ‘cuánto tiempo de televisión, consolas u ordenador’ son saludables. Y más de uno nos planteamos no sólo el impacto sobre el desarrollo psicológico y emocional de nuestros hijos, sino las consecuencias a nivel físico. El doctor Mark DeBoer (Universidad de Virginia) encabeza un estudio que asegura que aún pasando poco tiempo frente a la pantalla, el hábito puede convertirse en factor de riesgo para el aumento de peso.

En concreto, se ha observado con los peques que vieron entre una y dos horas de televisión diarias, tenían hasta 43 % más probabilidades de desarrollar sobrepeso; y hasta 47% de probabilidades de tener obesidad. El resultado parte de la comparación con otros niños de edades similares que pasaban menos de una hora diaria frente al televisor; y se apunta a un incremento de la probabilidad cuánto más tiempo permanecen expuestos.

No obstante, la investigación no establece la televisión como causa de sobrepeso u obesidad, sino como vínculo

Menos televisión y más actividades físicas / educativas

No quiero decir con el subtítulo que piense que la televisión no tiene contenidos educativos en ocasiones; pero a partir de los hallazgos obtenidos, los investigadores señalan que la recomendación vigente de la Academia Americana de Pediatría (no más de dos horas), debería ser revisada, puesto que pueden llegar a ser excesivas.

En su lugar se propone que los niños tengan más oportunidades de realizar actividad física al aire libre (parques, plazas, la calle); y que los padres se impliquen para proponer estímulos educativos que van desde visitas a bibliotecas / exposiciones, hasta lectura de libros o utilización de juegos de mesa.

Por cierto, es curioso saber que el estudio ha ajustado factores como los ingresos medios de los hogares, y el nivel académico de los padres: aún así las conclusiones se han mantenido. El objetivo de los investigadores era centrarse en la influencia de la televisión en niños de Educación Infantil y Primer grado (es decir, hasta los 6 / 7 años). Imagino que sorprende que se recurra con tanta frecuencia e intensidad a la televisión como entretenimiento, en niños tan pequeños.

La televisión es atractiva para los niños

Y antes de explicar brevemente una de las teorías del ‘por qué’, me gustaría animar a implicarnos en la vida de los niños, averiguar sus necesidades, y proponer otras actividades que también resulten estimulantes. En muchos casos es suficiente con la predisposición de los padres a jugar y estar presentes, incluso cuando los hijos son más grandes.

Bettelheim, alertaba en 1999 sobre lo ‘restringidas’ que son las vidas de los niños en la actualidad, refiriéndose a la pérdida de libertad que sufren. Añadía que los pequeños buscan refugio en la fantasía televisiva, como antes lo hacían en la cabaña, o la reunión improvisada con sus iguales, lejos de la influencia de los padres, o de la programación excesiva de su tiempo de ocio.

‘Tiempo y espacio para uno mismo’, eso es lo que necesita un niño a fin de crecer sanamente: la televisión da esa oportunidad, la libertad también. Lo segundo, además, ayuda al crecimiento personal. Los programas televisivos basan este crecimiento en experiencias ajenas e inalcanzables, pero sirven como referencia.

Antes de finalizar, me queda llamar a la reflexión sobre este tema tan (aparentemente) complicado de abordar, ¿es tan fácil como implicarnos más cuándo son pequeños y darles libertad cuándo crecen? podría ser una pista, desde luego, siempre que aceptemos que en juego entran las relaciones que establecen los niños con sus iguales, y la influencia de otros en las preferencias de nuestros hijos.

El estudio mencionado se ha acaba de presentar en la reunión anual de Sociedades Académicas de Pediatría celebrada en San Diego, y próximamente aparecerán las conclusiones en la revista Obesity.

Foto | Flickr-Lars Plougmann
Página oficial | Universidad de Virginia

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