Y si no rompo aguas ¿qué?
El otro día una amiga que ha dado a luz nos estaba contando cómo fue su parto las primeras contracciones, la llegada al hospital, la epidural, los nervios, el marido… y luego nos dice: «y, al final, me tuvieron que practicar una amniotomía«. Un término que la mayoría de la gente desconoce.
Esto se practica cuando el ginecólogo o la matrona se ven en la necesidad de romper la bolsa de aguas de la parturienta porque aunque la embarazada está de parto esta no se ha roto aún. Normalmente se rompe por sí misma cuando está dilatada de cinco o seis centímetros, sin embargo, hay veces en que esto no ocurre de forma natural y hay que provocarlo.
La amniotomía se realiza para facilitar o inducir el parto cuando éste no avanza, o bien para revisar el estado del líquido amniótico (de ahí su nombre) cuando existe riesgo de que haya meconio (las primeras heces del recién nacido) en él. O, simplemente, cuando hay que colocar sensores para monitorizar al bebé por cualquier problema que haya considerado el ginecólogo.
La manera de realizar este proceso es una técnica sencilla que consiste en romper esta bolsa con un instrumento fino y alargado, normalmente de plástico y que termina en una especie de ganchito. Este artilugio se introduce a través de la vagina y con él se tira de la bolsa hasta que se rompe. También hay una especie de fundas para el dedo índice del practicante (como si lo cortaras de un guante) que lleva un ganchito en la punta del dedo.
En cualquier caso se trata de un proceso indoloro para la madre y para el feto, por lo que si estás embarazada y cuando llegue el momento te dicen que es preciso que te practiquen una amniotomía no te asustes. Es una técnica sencilla, indolora y que será buena para el desarrollo del parto.
Foto | Midwife



