Tienes un hijo o hija de 13 años y proponerle un plan familiar se ha convertido en un deporte de riesgo. Antes le encantaba ir al parque, al cine, a casa de los abuelos. Ahora todo es "un rollo", "paso" o el clásico "qué aburrido". No te lo tomes como algo personal: está haciendo justo lo que toca a su edad.
Visitar un castillo con peques tiene algo de mágico. Las murallas, los puentes levadizos y las torres despiertan la imaginación de cualquier niño, y de paso convierten una tarde cualquiera en una pequeña aventura medieval. Si estás buscando planes en familia que combinen aire libre, historia y juego, las fortalezas son una apuesta segura.
Pasear entre puestos de queso, escuchar a un titiritero, probar una porra recién hecha o ver cómo un alfarero da forma al barro. Los mercadillos y mercados tradicionales son uno de esos planes que funcionan casi siempre con peques: hay movimiento, colores, olores y, casi sin querer, aprenden de oficios, productos locales y costumbres.
Salir de casa con un bebé recién nacido puede parecer una expedición. Y con un bebé de seis meses, también, aunque por motivos distintos. La buena noticia es que no hace falta hacer planes espectaculares: lo que tu bebé necesita en el primer año es estímulo tranquilo, contacto contigo y rutinas que pueda anticipar.
Si llevas semanas dándole vueltas a un plan distinto para el fin de semana, una granja escuela puede ser justo lo que buscas. Son espacios pensados para que los niños toquen, huelan, se manchen y entiendan de dónde vienen los huevos, la leche o las verduras. Y, de paso, las familias respiran lejos del asfalto.