19 julio 2010 Alimentación, Salud

la alimentacion infantil durante la quimioterapia

Lamentablemente son muchos los niños que tienen que enfrentarse a los duros tratamientos de quimioterapia o radioterapia a fin de superar cualquier tipo de enfermedad grave como puede ser el cáncer. Una vez se inicia el tratamiento, lógicamente, el pequeño tiende a notar síntomas desagradables, como pueden ser las náuseas y vómitos que le hacen, además, perder el apetito.

Puesto que para hacerle frente a la enfermedad, infecciones y recaídas es importante que su cuerpo esté bien nutrido os vamos a ofrecer una serie de consejos para que el pequeño pueda comer sin contratiempos y, de este modo, acelerar su proceso de recuperación.

Cuando existe poco apetito. Lo mejor es ofrecerle los alimentos que más le gusten y hacerlo en un ambiente distendido y alegre, en aquel rincón de la casa donde se sienta más cómodo. Si se cansa de un mismo plato, ofrecerle enseguida el segundo e ir combinándoselos a gusto. Es mejor ofrecerle pequeñas cantidades durante el día que tres o cuatro excesivamente copiosas. Enrique los menús con salsas, quesos, aceite, leche, huevo o nata y deja que sea él mismo el que confeccione su menú. Ten siempre a mano alimentos listos para comer: fruta, yogures, frutos secos… para que pueda cogerlos siempre que te hambre.

Cuando se suceden las náuseas. Intenta que el niño coma 3 o 4 horas antes o después del tratamiento. Tolerará mejor los alimentos fríos o a temperatura ambiente, de igual modo le irán mejor los salados que los dulces. Comer lentamente y a pequeños bocados. También va a aceptar mucho mejor aquellos alimentos sólidos. Tampoco es conveniente mezclar platos a distintas temperaturas en el mismo menú, evita las frituras y sírvele los platos de forma atractiva.

Para estos casos también debes llevar especial cuidado en la manipulación y preparación de los alimentos para tu hijo. Lavarte bien las manos, limpiar el lugar donde vayas a preparar la comida, los alimentos deben estar bien refrigerados, bien lavados y protegidos de cualquier contacto con agentes que puedan contaminarlos. No debemos olvidar que lo que para un niño sano sería una simple molestia o intoxicación, para uno enfermo puede acarrear graves consecuencias.

Vía | Pequerecetas

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