24 agosto 2010 Educación, Opinión

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Los buenos modales suponen un bagaje importante para los niños ya que como consecuencia de ellos aprenderán a convivir y a establecer una comunicación de una forma agradable y correcta con las demás personas. Mediante los buenos modales los pequeños se preparan para entablar relaciones más fluidas y sanas en el futuro.

Lo primero que debemos tener en cuenta es educarlos mediante el ejemplo. De nada sirve que con nuestra boca digamos algo y con nuestras acciones mostremos actitudes totalmente diferentes. Si nos ponemos a pensar si uno como adulto se comporta en casa como quisiéramos que nuestros hijos se comportan y la respuesta que obtenemos es negativa, sabremos que tendremos que cambiar nuestros hábitos. Es imposible que un niño no tire la basura en la calle si ve que sus padres lo hacen, o pretender que no griten si en su casa todos gritan.

Las conductas repetitivas se van convirtiendo poco a poco en hábitos. Si nuestros hijos ven que saludamos de forma amable, con una sonrisa, si decimos ‘por favor’ y ‘gracias’, si nos sentamos y comportamos bien en la mesa, seguramente para ellos sea lo más natural del mundo hacerlo. Repetir un a y otra vez las normas, aunque a veces nos resulte pesado y reiterativo, a la larga será beneficioso para todos.

Debemos estar atentos a los modos y modales y frenar en cuanto detectemos un mal habito, como por ejemplo, morderse las uñas o hurgarse la nariz.

Es importante que nuestros hijos entiendan que ser educado es algo importante para tener una convivencia feliz, y que no sirve de nada seguir unas normas impuestas de manera caprichosa sin entender que son de verdad útiles.

Vía | Nacer y crecer
Foto | Flickr – Alejandro Morales

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