27 julio 2013 Psicología

Trsiteza

Recientemente los españoles han sufrido un tremendo acontecimiento en el que, muy lamentablemente, murieron muchas personas. En ocasiones la realidad nos impone hablar con nuestros hijos de temas no demasiado agradables como la muerte. Como padres preferimos preservarlos de estos temas tan dolorosos e irremediables, pero como adultos debemos hacer frente a la temática y hablar con ellos ya que, por más doloroso que suene, la muerte es parte de la vida.

Estadísticamente se sabe que uno de cada diez niños no llega a superar la muerte de algún familiar cercano. La muerte es algo difícil de entender por los adultos, mucho más por los niños. Existen muchas preguntas que nos hacemos y que ellos también se hacen.

Lo primero que debemos tener en cuenta frente a esta temática es la edad del niño con el que tendremos que hablar, de esta forma podremos hacerlo de una manera más apropiada y clara. A partir de los dos años de edad, contrariamente a lo que muchos piensan, los niños ya tienen la capacidad de sentir la pérdida de un ser querido y pueden llorar la muerte.

Desde el Instituto Universitario de la Familia de la Universidad de Comillas de Madrid, Carlos Pitillas considera que los niños tienen la capacidad simbólica a partir de los tres años, ya en esa etapa se puede comenzar a hablar del tema utilizando el lenguaje apropiado: “Es importante no esconder o negar el fallecimiento, por ejemplo, diciendo que se ha marchado de viaje, o que se ha dormido para siempre, lo que le generará miedos al viajar o al irse a la cama. Antes o después descubrirá la verdad y sentirá que se le ha ocultado por ser un tema muy malo, lo que determinará su percepción de la muerte y aumentará sus temores y angustia”. En el momento del duelo los pequeños tienen un doble dolor, el suyo y el de sus padres.

Cuando ya tienen seis años la forma de comunicarle la triste noticia es diferente, ya se le puede decir hablándole de forma suave, sin contener las lágrimas pero con la mayor tranquilidad posible, dejando que pongan nombre a esas emociones que, inevitablemente, aparecerán. Debemos dejarlos expresas, de esta forma podrán calmarse. Estar muy tristes y enojados es algo normal.

Ya a los seis años pueden entender mejor el concepto de muerte, pero no lo tienen asimilado en su vida.

Vía | ABC
Foto | Flickr – Rene Mayorga

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