8 enero 2013 Psicología, Salud

Diferencias entre la hiperactividad y los nervios en los niños
Uno de los trastornos infantiles de los que más errores se están teniendo al ser diagnosticados es la hiperactividad. Si bien, poco a poco, ya vamos teniendo más datos con los que delimitar esta alteración, todavía se sigue mezclando un simple episodio de nervios o angustia, con lo que resulta ser un trastorno mucho más serio y complicado de tratar. Para poder entender bien donde se encuentra la frontera entre uno y otro, nos limitaremos a ver ciertos ejemplos prácticos.

Puesto que en ambos casos se presentan síntomas similares: falta de atención, trastornos en el sueño, llanto frecuente o excesivo movimiento, es cuando puede darse la confusión. Pero es cierto que muchos niños pueden presentar estos síntomas y no padecer TDAH, así que lo mejor será observarlo con atención y buscar en su entorno.

Las etapas de nerviosismo pueden darse a partir de distintos cambios en la rutina de los niños: separación de los padres, celos, miedos, entrada al colegio…, esto supone un trastorno transitorio que, generalmente, solo necesita de una atención especial por nuestra parte. Otra pista para determinar si se trata de uno u otro, es observar si se comporta así solo en determinados lugares, puesto que puede ser que el problema venga de ese determinado sitio, por lo tanto se descartaría la hiperactividad.

Pero quizás el más significativo sea que este tipo de conductas se debe haber presentado ya durante toda su primera infancia. La mayoría de ellos han sido bebés muy llorones, con problemas para conciliar el sueño, incluso algunos ya lo eran en el mismo vientre materno. A medida que van creciendo van repitiendo siempre las mismas pautas: no pueden permanecer quietos, necesitan correr y saltar incluso en sitios donde no es conveniente, mueven excesivamente las manos y los pies, contestan antes de que se termine de formular la pregunta o les es imposible jugar de forma tranquila. Todos estos síntomas deben aparecer de forma continuada durante, al menos, seis meses seguidos, de esta forma el psicólogo, neurólogo y psiquiatra podrá determinar si se trata de hiperactividad o solo de una mala racha en las emociones de nuestro hijo.

Vía | Con mis hijos
Foto | Salud pasión

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