26 marzo 2014 Juguetes y juegos, Psicología

Castigar a las muñecas
Es necesario y vital que los padres observemos a nuestros niños. Cada uno de sus comportamientos, desde su nacimiento, son como señales que nos indican cuales pueden ser sus carencias, sus necesidades o su propio instinto natural. Algunos de esos comportamientos nos pueden indicar algunas vías de educación, con el fin de encauzarle hacia un camino correcto. Pero si bien es cierto, que hasta no hace mucho, los padres dejaban a sus hijos casi a su antojo, o por el contrario les mantenía en una férrea conducta, a menudo inhumana, ahora nos preocupa tanto la felicidad de nuestro hijo que, en muchas ocasiones, casi no le dejamos ni respirar.

Es bueno observar a nuestros niños, atender sus necesidades y tratar de entender el motivo de sus comportamientos, pero de ahí a llegar al agobio o al exceso hay un abismo importante. Queramos o no, ya vienen con su propia personalidad y sus necesidades totalmente individuales. Pero ¿qué haríamos si les vemos castigar a sus muñecos o, incluso, pegarles?

A partir de los 3 años es cuando empiezan a desarrollarse los juegos de representación, es decir, el niño imita el mundo que le rodea: le gusta cocinar, cuidar a los bebés, conducir o enseñar las vocales como lo hace mamá, papá o la profesora. Así que si nos atenemos a esa percepción, si castiga o pega a sus muñecos está imitando lo que ve a su alrededor. Pero esta afirmación no es del todo cierta.

Es normal que en la escuela la profesora mande al rincón de pensar a alguno de esos niños más rebeldes o que haya visto pegarse entre compañeros, pero eso no significa que sea lo habitual, de igual modo que tampoco lo es en casa. También los niños juegan a la guerra o a peleas extremas y no pasa nada, es más, estos juegos les ayudan a controlar sus impulsos agresivos.

Pero ¿qué podemos hacer? Lo mejor es preguntarle el motivo del porqué están castigados y hacerle entender que necesitan diálogo y mimos para que entiendan bien las cosas, y que con la violencia no se va a ningún sitio. Eso sí, las palabras se quedarían huecas si no predicamos con el ejemplo.

Vía | Ser Padres
Foto | Autismo diario

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