8 marzo 2010 Educación, Opinión, Psicología

Niños con móvil, entre la necesidad y el capricho
Desde hace unos años no es raro ver a un niño de 8 o 9 años con un móvil en la mano. Para ellos es un objeto casi imprescindible para estar a la moda y considerarse iguales que sus compañeros. Para los padres, según opinan los que lo permiten, es una forma de saber donde está el pequeño, de tenerle siempre localizado y no es más que un capricho sin importancia.

Entiendo que habrá alguna circunstancia que justifique la tenencia del móvil a los 8 años, aunque son muy pocas. A esa edad los niños están con sus padres, en el colegio o con alguna persona de confianza de los padres. ¿En cual de esos momentos puede necesitar un teléfono personal? ¿En cuál de ellas necesita un padre saber donde está su hijo? Creo que el argumento de tenerlos localizados cae por su propio peso.

Lo de que sea un capricho inocuo no está tan claro, conozco un par de médicos especialistas en cerebro que no han permitido a sus hijos tenerlo hasta los 16 años. Cuando he preguntado el motivo la respuesta ha sido que los estudios que apuntan a que puede causar daño en un cerebro en desarrollo no son sólidos, pero tampoco se puede asegurar que no lo haga. Aún no ha pasado tiempo suficiente desde que se utilizan para hacer estudios en profundidad.

Sí hay estudios psicológicos que apuntan a que el móvil puede causar ansiedad, dependencia y problemas de concentración. El uso que se le da también puede ser perjudicial, ya que al ser un objeto personal no se suelen poner normas sobre los horarios en que se puede usar o en que lugares. Por mucho que en los colegios se pida que los niños no los lleven los padres no lo evitan e incluso lo alientan.

Otra de las razones para comprar a un pequeño un teléfono es porque no sea de los pocos que no lo tienen. Creemos que así les estamos ayudando en sus relaciones sociales y probablemente así sea, pero eso no es educar. Antes de hacer lo mismo que los demás tendríamos que plantearnos su conveniencia y pensar en nuestro hijo como individuo. Enseñarle que en la vida hay más opciones que seguir a la manada no es malo. Esto no es nuevo, hace años la diferencia la marcaba el tipo de televisión que se podía ver, unos eran los populares de la clase porque sus padres les permitían ver contenido para mayores, pero el otro grupo quizá tuvo una infancia más apropiada.

El primer móvil le hará sentirse importante, pero en poco tiempo necesitará que además esté a la moda y en un par de años su paga o gran parte de ella se destinará a pagar los gastos de teléfono. Habrá pasado de ser un objeto que considerábamos necesario a uno sin el que nuestros hijos no pueden estar. Como suecede con muchos adultos.

Yo lo tengo claro aunque nunca se sabe como vamos a reaccionar cuando nos vemos en el caso. Por ahora creo que será un motivo de discusión, un tira y afloja, pero espero ser capaz de mantenerme firme y que el móvil, salvo necesidad real, llegue en un momento de suficiente madurez física y mental.

Más información | Consumer
Foto | Flickr-Couleurs Gm

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