19 marzo 2010 Otros

palabras de amor para el dia del padre

Amanezco con sorpresa el día en el que, oficialmente, se dibuja tu nombre en el ordenado calendario. Parecería que sólo es un viernes plagado de tibio marzo, hambriento de primavera, primera ventana que ya empieza a invocar la magia de los jardines, las alfombras de las laderas, el horizonte mostrando su desnudez de sol celeste.

Abro los ojos y me reclino con añoranza hacia mi ombligo, con esa alegría de saberme presa de tus caricias, de saberme a salvo y protegida, de conocerme, vitalmente, en el fondo frutal de tus apellidos. Tú eres, padre, la primera sílaba que inicia la senda de una letanía azul de amores compartidos.

Más allá del número festivo, de la hambruna mimética, del silencio o del olvido, más allá de este grácil pensamiento que a expresar no puedo todavía, más allá del verbo que confirma el amor eternamente perfecto, están tus manos trayendo hasta mis ojos el universo entero, trayendo hasta mis manos la arcilla generosa que sólo modela luz entre latidos de vida, trayendo hasta mi sombra una claridad de luciérnagas enamoradas con las que sentirme a salvo eternamente.

Desde ti llegué hasta la cima del mundo tras habitar los cárnicos paisajes de mi madre silente. Un largo viaje de cavernas y sangre, de latidos y besos, de espasmos azules y campanas de azúcar. Ella era el íntimo universo de todo mi horizonte mas, de repente, abrí los ojos al colapso del mundo y estabas tú, con tu grácil arrogancia, siendo amor diáfano más allá de la enconada semilla, más allá del contoneo vital de una humanidad que busca sendas invisibles desde las que perpetuar su voz y su memoria.

Más allá de la palabra que habita oratorias huecas de sílabas precisas. Más allá de nuestra propia piel, de la enconada anatomía. Más allá de nosotros mismos y nuestras voces, amanezco y te felicito como yo sólo sé hacerlo: mirándote con mis ojos de niña, rodeando tu cuello que levanta cordilleras de gozo, para decirte: “Te Quiero, Papá” con la voz llena de astros azules y verdades inmensas como océanos imborrables.

Foto | Psicólogos Oviedo

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