Aprender a montar en bicicleta (I)

Aprender a montar en bicicleta (I)

Escrito por: Sacra    28 junio 2010     8 Comentarios     2 minutos

La subida de las temperaturas, el verano, el tiempo libre y las vacaciones pueden ser motivos más que suficientes para lanzarnos a la aventura de que nuestros niños aprendan a montar en bicicleta. En un principio, y si todavía los vemos inseguros, podemos seguir dejándoles los ruedines a fin de que tome confianza y no acabe odiándola del todo. Poco a poco irán aventurándose a pedalear “como los mayores”.

Aficionarlos a jugar con la bicicleta le va a reportar un buen montón de beneficios: le ejercita los músculos de las piernas y el abdomen, le fortalece el corazón, le ayuda en el sentido de la orientación así como en el equilibrio, mejora su habilidad psicomotora, le hace sentirse más independiente, entrena sus reflejos, por lo tanto le estimula la capacidad de atención y concentración y le ayuda a liberar tensiones, abriéndole el apetito y ayudándole a dormir.

Antes de comprarle la bici debéis tener en cuenta su estatura. Lo ideal es que estando sentado en el sillín llegue con los pies al suelo sin problemas. Comprobar que los ruedines estén a la misma altura, para evitar que vaya torcido, y que pueda apretar bien los frenos, son algunos de los aspectos a tener en cuenta. De todos modos, según nos contó Belén, ya se están comercializando unas bicicletas que no necesitan ruedines, ya que un dispositivo especial equilibra el vehículo.

Pero si sigues siendo de la vieja escuela, quizás te convenga tener estos aspectos en cuenta. Para sus primeros paseos lo mejor es que lo acompañemos a su lado. Enseñarle el modo de frenar sin que lo haga de forma brusca, que mire siempre al frente y que gire el manillar siempre que sea necesario. Una vez que tenga dominada la técnica y él se sienta bien seguro, podemos dar el siguiente paso: quitarle los ruedines. No debéis precipitaros en ello, el niño va a ser el que os lo pida, sólo entonces pasaremos al siguiente nivel, hacerlo antes de que se encuentre realmente seguro puede provocar el efecto contrario y nuestro niño, presa del miedo, aparque la bicicleta de por vida.

Vía | Crecer Feliz


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