21 febrero 2016 Educación, Opinión

Enseñar a los niños a defenderse o a protegerse de los demás

Últimamente le doy muchas vueltas a la educación que le estamos dando a nuestros hijos en lo que a relaciones sociales se refiere. Queremos que sean respetuosos, pacíficos y que muestren empatía y, además, que aprendan a quererse y respetarse a si mismos para que los demás no puedan hacerles daño. Pero como muchos adultos sabemos, llegar a tener el suficiente amor propio y el aplomo necesarios para vivir como queremos sin que nos afecte lo que otros piensen o digan, es un trabajo de muchos años.

Sería perfecto que el comentario despectivo de un compañero hacia un comportamiento, una prenda de ropa o cualquier otra cosa de nuestro hijo, no le afectara en absoluto. Pero es casi imposible, por mucho que nuestro pequeño sea un niño con una marcada personalidad. Lo que opinan los demás afecta y callarse para no entrar en el juego puede resultar muy frustrante. Enseñándoles a reaccionar así, pasando y fingiendo que no importa, será bueno para ellos en el futuro, pero hay un momento en que aumenta el dolor al sumar la frustración.

Cuando me cuenta mi hija que alguien se ha reído de ella por algo, la felicito por haber sido capaz de fingir ignorancia, por tener la suficiente personalidad para no cambiar por lo que digan otros y la animo a no hacerlo. Pero, el bicho malo que mora en mi me susurra que le enseñe a defenderse, que le cuente como dejar a ese compañero por los suelos con una sola frase. Cuando la escucho me cuesta contener esa respuesta maliciosa que haría que ese niño se pensara dos veces volver a meterse con ella o cualquier otro.

Aprender a quererse y respetarse es la mejor defensa Pero no lo hago, estaría haciendo de mi hija una persona capaz de hacer daño y ni ella es así ni nosotros queremos que lo sea. Por tanto la animamos a fortalecerse, a valorarse y a ser capaz de asumir sus decisiones con confianza, a relativizar lo que dicen o hacen los demás y, a quererse mucho. Le cuento, eso sí, que detrás de esos críos que parecen disfrutar haciendo la vida más difícil a los demás, hay carencias familiares y afectivas, complejos que quieren disimular y, envidia aunque sea inconsciente.

Pero soy madre y estoy muy lejos de la perfección y una parte de mi seguirá deseando enseñarla a ser mordaz con los que solo son aprendices de malotes.

Foto | Flickr-Twentyfour Students

También te puede interesar

Comentarios

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *