Las opciones de entretenimiento para niños y en familia son cada vez más. Aquí recopilamos las ideas y propuestas que más nos gustan.
Elegir un videojuego para un niño de 6, 9 o 12 años no es lo mismo. Cambia la capacidad de atención, la lectura, la tolerancia a la frustración y, sobre todo, lo que el juego pide a cambio: chats con desconocidos, compras dentro del juego, tiempo de pantalla sin fin. Esta guía te ayuda a decidir con criterio, sin convertirte en experta en gaming.
Hay sábados en los que la sola idea de montar a los niños en el coche para "hacer algo guay" da pereza. La buena noticia: no hace falta ir lejos. Tu barrio tiene mucho más que ofrecer de lo que recuerdas, y los planes con niños cerca de casa suelen ser los que mejor funcionan cuando hay cansancio, siestas pendientes o presupuesto justo.
Pocas cosas enganchan tanto a un niño de 4 años como un dinosaurio. Y a uno de 10, también. La suerte es que en España no hace falta cruzar el charco para verlos: tenemos algunos de los yacimientos paleontológicos más importantes de Europa, museos pensados para toda la familia y rutas de huellas al aire libre que se disfrutan como una excursión de montaña con premio.
Las reuniones familiares con niños de edades muy distintas tienen algo mágico y algo caótico a partes iguales. Un bebé que necesita siesta, un primo de 5 años con energía infinita, otro de 10 que quiere jugar a algo "de mayores" y una adolescente que mira el móvil desde el sofá. Que funcione depende menos de tener el plan perfecto y más de dar opciones.
Los festivales ya no son solo cosa de adultos con pulsera VIP y noches sin dormir. Cada vez hay más propuestas pensadas para ir con niños: escenarios con aforo controlado, horarios diurnos, zonas de sombra, talleres y hasta cascos infantiles a la entrada. Si te da pereza pensar en un fin de semana entre multitudes con un bebé o con un preadolescente que se aburre "de todo", esta guía te ayuda a elegir bien y a preparar el plan sin sobresaltos.
Tienes un hijo o hija de 13 años y proponerle un plan familiar se ha convertido en un deporte de riesgo. Antes le encantaba ir al parque, al cine, a casa de los abuelos. Ahora todo es "un rollo", "paso" o el clásico "qué aburrido". No te lo tomes como algo personal: está haciendo justo lo que toca a su edad.
Visitar una cueva en familia es de esos planes que se quedan grabados. La penumbra, el eco, las formaciones que parecen de otro planeta… A los peques les fascina, pero también les impresiona. Y ahí está la clave: no todas las cuevas valen para todas las edades, ni todos los niños reaccionan igual al mismo entorno.