3 julio 2010 Psicología

Aprender a decir adiós
Hace unos días, nuestra compañera Belén escribió un artículo sobre cómo transmitir a los niños pequeños la idea de la muerte que me hizo reflexionar sobre una de las conclusiones a las que llegué en mi tesis donde investigué los sentimientos de la tristeza y la alegría. Sentimientos que se suceden ininterrumpidamente en el calendario de la vida. La muerte, produce tristeza porque la mayoría de la gente sufre cuando pierde a un ser querido igual que nos alegramos ante el bien de aquellos que queremos. Aquellos que no se entristecen ante este hecho puede considerarse, como decían los filósofos clásicos, insensibles.

Tal vez, antes de preguntarnos cómo debemos explicar a los más pequeños la idea de la muerte, debemos pensar cómo asumimos los adultos este hecho en la sociedad de hoy día. La muerte es un hecho doloroso, sin embargo, es natural e inevitable. En la sociedad actual prácticamente nadie habla sobre la enfermedad en una sociedad en la que la búsqueda de placer se equipara con la felicidad. Igual que la juventud y la belleza estética con el éxito.

La idea de la muerte no es fácil de asumir para un niño pero también soy consciente de que aquellos niños que tienen que hacer frente a situaciones de estas características maduran antes que los demás y tienen una percepción diferente. Además, por duro que pueda parecer todavía resulta más difícil para un padre sufrir la muerte de un niño pequeño ya que se trata de un hecho que va en contra de la ley natural.

La muerte en sí misma confronta con nuestro deseo de eternidad. Tal vez de aquí nace ese sentimiento trágico de la vida del que habló de forma magistral Unamuno. No es fácil decir adiós a ninguna edad. Sin embargo, el mejor homenaje que podemos hacer a aquellos que se fueron es el de vivir y ser felices. Para quienes estéis interesados en profundizar en este tema me gustaría recomendaros un libro excelente: Una pena en observación escrito por Lewis. En el que precisamente, el autor también explica cómo reaccionaron sus hijos a la muerte de su esposa: no podían soportar que él hablase de ella, un hecho que el escritor comprende porque según manifiesta él reaccionó del mismo modo en su niñez ante la pérdida de uno de sus progenitores.

Foto | Cinco días-Bloomberg
Más información | C.S Lewis-Una pena en observación

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