16 septiembre 2012 Psicología

Dar y recibir afecto
Dar y recibir cariño podría parecer algo sencillo en apariencia, sin embargo, en el camino de la libertad emocional todos tenemos obstáculos y barreras que superar. Algunas de esas barreras hunden sus raíces en la más tierna infancia, en concreto, el desarrollo de la personalidad tiene sus cimientos en los primeros años de vida a través de la educación recibida en la familia, en el colegio, la integración con los compañeros de colegio

La comunicación humana se divide en dos ámbitos: por una parte, el plano verbal. En este sentido, los padres tienen que decir a sus hijos palabras bonitas para crear un clima familiar amable. Y también, cuidar mucho el tono de voz. También es posible expresar a través de la comunicación corporal. Existen personas muy rígidas a nivel emocional a quienes les cuesta mucho expresar sentimientos con un abrazo, por ejemplo. Por ello, los padres pueden ponerse pequeñas metas para mejorar en este sentido. Por ejemplo, pueden proponerse tener más muestras de afecto con el niño a lo largo del día: sonreír más, darle un abrazo cada noche, acariciarle…


El afecto físico es un alimento emocional que supone el reconocimiento y la autoestima que una persona necesita para crecer en libertad. Sin embargo, conviene recordar que cada persona tiene su modo de ser y que por suerte, es posible compensar ciertas carencias con otras virtudes. Es decir, existen padres que tal vez no son tan expresivos a nivel afectivo con sus hijos, sin embargo, a través de sus acciones, su dedicación, su atención y su tiempo muestran su amor y dan seguridad al niño. Para aprender sobre esta cuestión, puede ser positivo participar en un curso sobre Inteligencia Emocional. También puedes realizar un proceso de coaching para poder mejorar tus relaciones familiares.

Lo importante es que seas natural y que te sientas cómodo en tu forma de expresarte. Por otra parte, también es fundamental recordar que aunque la infancia influye en la formación de la personalidad adulta, en realidad, nadie está determinado por su pasado. Existen dos palabras que lejos de decirse de forma puntual tendrían que decirse más en cualquier hogar: te quiero. Sin embargo, de una forma equivocada, muchas veces, se dan por supuestas.

Los padres también se convierten en un ejemplo a la hora de dar y recibir afecto a través de su propio modo de comportarse como pareja delante de los hijos. En este sentido, conviene recordar que además de padres, previamente, se debe cultivar la relación de pareja.

Más información | Fundación Eduardo Punset
Foto | Nytime Examiner

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