
Lo bueno que tienen los libros en el corazón de los niños es que les permiten creer en todo aquello que ellos deseen. Todas las historias, por muy extrañas y complicadas que parezcan, pueden ser realidad en la mente infantil donde un paisaje virgen, todavía, les mantiene alerta la esperanza, la ilusión y la alegría, y es allí donde se fraguan las más hermosas historias, historias como esta que nos llega desde el calor de una gran amistad.
“Omega y la osa” nos habla de que las diferencias, en la amistad, no tienen porque ser síntoma de lejanía, al contrario, a menudo esas diferencias nos acercan para conocer otros puntos de vista, otras formas de vida, para crecer en tolerancia, en respeto y en amor hacia los demás.
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