Dejar al bebé en la guardería sin sentimiento de culpa
Salir del entorno seguro que le proporcionan los brazos de mamá y papá puede suponer, para nuestro pequeño, una aventura en su desarrollo que cada uno exterioriza y vive de una manera muy particular. Para los bebés, independientemente de su edad, es un mundo nuevo que se abre en su crecimiento emocional y social. Es en nosotras, como madres o padres, cuando se nos acrecienta ese sentimiento de culpa que, avalado por un sin fin de preguntas y reproches, nos martillea la conciencia.
Optar por inscribir a nuestro bebé a la guardería es una opción totalmente particular y que cada familia valora según sus necesidades, valores morales, educación o gustos personales. Más allá de opiniones ajenas o tradiciones maternales o culturales, lo cierto es que, en la sociedad actual, el servicio que ofrecen las guarderías son vitales y necesarias para muchas familias. Siempre que sea un establecimiento de confianza y que cumpla todos los requisitos, es una forma de que nuestro niño empiece a sociabilizarse y a prepararse para su próxima etapa escolar. Aunque pudiera no parecerlo la guardería guarda muchas ventajas para nuestros pequeños.
La guardería le ofrece la posibilidad de ampliar sus relaciones interpersonales: se siente perteneciente a un grupo donde debe cumplir una serie de reglas y horarios. Deja de ser el centro del mundo, aunque lo sea de su casa, para convertirse en un compañero y amigo que comparte y batalla por el juguete favorito o la merienda más apetitosa.
Notaremos, también, un cambio importante en el desarrollo de su comunicación. Además de hacerlo, de forma especial con el resto de bebés, con los adultos ya empieza a esforzarse por pedir las cosas de un modo diferente a como lo hace con papá y mamá.
Que acuda a la guardería no significa que nosotros, como padres, debamos desatender su educación y cuidados, muy al contrario ya que debemos estar en total conexión con la escuela y sus educadores e intentar seguir los pasos que allí se van dando en torno a su educación. La casa debe ser la continuación de ciertas normas que se le inculcan en la guarde.
Lo más importante para esta primera etapa en el niño es el juego y la guardería supone el ‘paraíso’ donde nuestro pequeño va a divertirse con múltiples actividades y propuestas, al mismo tiempo que interactúa con otros niños. Los profesionales de la educación les van a ofrecer distintas pautas para motivar y ejercitar su desarrollo físico y emocional mediante el juego. Es beneficioso, además, porque este intercambio de sentimientos y emociones facilita aprendizajes posteriores como el del diálogo, la comprensión o la tolerancia.
Vía | Ser Padres
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