25 agosto 2010 Entretenimiento, Lecturas Infantiles

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En esta serie de artículos te brindaremos diferentes cuentos de diferentes partes del mundo para que puedas compartir junto con tus hijos. Todos estos relatos nos dejaran una moraleja para reflexionar entre todos. En este caso compartiremos ‘El niño del palacio del dragón’.

“Había una vez, un pobre vendedor de flores que todos los días recogía flores en una montaña cercana, cruzaba el río y las vendía en la ciudad. Cada atardecer, cuando volvía a su casa, dejaba caer los pimpollos no vendidos en la corriente de agua.

Un día, el río había subido de tal manera que era imposible cruzarlo. Estaba el vendedor parado y sin saber qué hacer, cuando apareció una tortuga. La tortuga ofreció llevarlo y tan pronto como el hombre se subió sobre ella, nadó velozmente, sumergiéndose.

En pocos momentos llegaron al Palacio del Dragón, el hogar del Dueño del Agua.

La princesa del Palacio saludó calidamente al vendedor y le agradeció las hermosas flores que recibía todos los días. Lo agasajó con suntuosos banquetes, delicada música y graciosas danzas de peces. Encantado, el vendedor permaneció allí largo tiempo.

Finalmente, el deleitado visitante decidió que debía volver a su casa. Cuando se despidió de la princesa ésta llamó a su lado a un niño pequeño y harapiento.
-Por favor – le dijo al vendedor – cuida a este niño y él hará que tus deseos se vuelvan realidad.

Cuando regresó a su choza el vendedor la encontró insoportablemente modesta. Recordando las palabras de la princesa pidió al niño que le proveyera de un nuevo hogar. Batiendo las palmas tres veces, el pequeño transformo la choza en un maravilloso palacio, amueblado espléndidamente.

Pasó el tiempo y el vendedor de flores olvidó su origen humilde; exigió más y más lujos. En un ambiente tan rico, el hombre pensó que el harapiento niño estaba fuera de lugar. Le pidió entonces que cambiara sus ropas por unas más hermosas, pero el niño, feliz, se negó y continúo usando sus andrajos.

Finalmente, el vendedor convencido de que todo lo que posiblemente pudiera desear, sugirió al niño que regresara al Palacio del Dragón. Este rehusó, pero conociendo el desagrado del vendedor, aunque de mala gana, estuvo de acuerdo y partió.

Suspirando con alivio, el hombre volvió a su palacio. Para su total asombro, éste había desaparecido por completo. Estaba nuevamente en su humilde choza, usando sus viejas ropas. Abatido, corrió afuera llamando al niño. Pero el niño también había desaparecido.”

Fuente | Cuentos del mundo para niños de Occidente – Halka
Foto | Flickr – von Kinder

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