3 enero 2010 Educación, Psicología

trastornos en la escritura: la disortografía y la disgrafía

Hace unos días que hablamos de la dislexia como un trastorno en el aprendizaje de la lectura y la escritura, pero también existen otros tipos de dificultades a la hora de enfrentarse nuestros niños a sus habilidades de la lectoescritura. Nuestra obligación como padres es detectarlas cuanto más pronto posible ya que, de este modo, vamos a evitar al niño problemas más serios como la frustración o la ansiedad, entre otras muchas.

En esta ocasión nos vamos a centrar en dos problemas que se pueden presentar cuando nuestro hijo toma contacto con la escritura y son la disortografía y la disgrafía.

La disortografía consiste en que nuestro niño comete constantes errores de escritura, sobre todo con referencia a faltas de ortografía. Este trastorno se manifiesta como una particular dificultad para llevar a cabo sus tareas escritas. Las causas pueden ser muchas aunque las más relevantes pueden ser: problemas en la percepción, es decir, que tenga dificultades de visión u oído. Que presente problemas a la hora de diferenciar los rasgos de las letras, que no tenga suficiente madurez intelectual, una mala pronunciación que le lleve a confundir las letras o un escaso vocabulario. También pueden ser motivos psicológicos los que le impidan el correcto aprendizaje de la ortografía sintiéndose desmotivado.

La disgrafía afecta a la calidad de la escritura, es decir, a su trazado. El niño que padece esta dificultad le resulta imposible seguir una pauta fija en el tamaño de la letra y dentro de los márgenes establecidos de manera proporcionada. Algunos rasgos que podemos observar en los niños que padecen disgrafía son: postura incorrecta al escribir (tuercen demasiado el papel o el cuerpo), sujetar mal el bolígrafo o el lápiz, ritmo de escritura muy rápido o muy lento, formas de las letras desproporcionadas o espacios inadecuados entre las palabras o letras. Los motivos pueden ser varios: que su sistema madurativo presente problemas de inestabilidad, inmadurez o en la orientación espacial. También pueden ser afectivos ya que el niño, mediante la escritura, puede estar expresando sus tensiones emocionales o su estado de ánimo.

Vía | Con mis Hijos

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