
Si hay una niña en Hollywood que ya nació con el destino impuesto de ser triunfadora, esa es Drew Barrymore. Descendiente, por parte paterna, de una larga tradición familiar dedicada al mundo del cine, no en vano su abuelo, John Barrymore, fue uno de los actores más importantes de Hollywood de la década de los treinta. Así que antes de que cumpliera los dos años, la pequeña Drew ya era habitual en los castings para hacer televisión, consiguiendo hacer publicidad siendo, todavía un bebé.
Pero su primera interpretación “formal” fue en algunas series para la televisión a los dos años. Así creció en glamour y simpatía por lo que a los cuatro años le valió su primer papel cinematográfico interpretando a la hija de William Hurt en la película “Un viaje alucinante (al fondo de la mente)”. Aunque lo más importante de la pequeña Drew estaba todavía por llegar, para bien o para mal.
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Sin las ataduras de la ropa de invierno y sin el excesivo calor del verano, la primavera y el otoño son las épocas ideales para disfrutar con los niños al aire libre. La naturaleza nos ofrece ahora su mejor espectáculo: los árboles estrenan brotes, las flores lo colorean y aromatizan todo y los animales pequeños y grandes saludan a la nueva estación. Los niños parecen haber renovado las baterías y solo tienen ganas de disfrutar del buen tiempo y explorar todas las novedades.
Dejarles jugar al aire libre tiene múltiples beneficios: reciben vitamina D del sol, hacen ejercicio divirtiéndose, aprenden y hacen nuevos descubrimientos y se relacionan con otros niños. Corren, saltan, trepan, se ensucian y no paran. Aunque también hay pequeños accidentes lógicos y casi necesarios. Nadie aprende a montar en bici o a patinar sin sufrir al menos una caída. Forma parte del aprendizaje y les ayuda a conocer sus límites y los riesgos de sus actividades. Unos mimos, una frase de ánimo para que lo vuelva a intentar y un masajito con Calmatopic stick y el niño está listo para probar de nuevo.
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