3 enero 2010 Educación, Opinión, Psicología

niño maestro

La verdad es que no siempre sentimos simpatía por la docente de nuestro hijo. Sentimos que en este momento de su desarrollo los pequeños empiezan a aprender cosas que serán vitales para su desarrollo, empiezan a conocer las primeras letras, aprenden a leer, los números escritos, palabras de otro idioma. Y como buenas madres queremos que el inicio en el mundo del estudio sea lo más adecuada posible. Por tal motivo no nos da lo mismo cualquier maestra.

Así que miramos con lupa a la docente que nos tocó y no siempre nos gusta. En muchas ocasiones encontramos que esta maestra es demasiado dura o demasiado blanda, sentimos que es muy indiferente o demasiado joven sin experiencia o demasiado grande y no tiene la misma paciencia. Entonces ¿Qué debemos hacer cuando no estamos de acuerdo con su criterio educativo? ¿Cómo actuar cuando no nos gusta su forma de ser? ¿Qué hacer si pensamos que debería prestarle más atención a nuestro ijo o que le tiene idea? En primer lugar, es importante respetar al educador. Confiar en su experiencia y en que, aunque a primera vista no nos lo parezca, quizá pueda aportar algo que aún no alcanzamos a ver.

Hay muchos tipos de estilos con respecto a la educación y cada uno tiene algo que brindarnos. Los disciplinados o los creativos, los que nos parecen severos o los que se nos antojan blandos. Cada docente con su estilo educativo, con su forma de ser, enseña y aporta algo inigualable a nuestros hijos, no sabemos qué será o que realmente les servirá en su vida, por lo tanto, es útil el esfuerzo de aprender a ver lo positivo que cada docente tiene para nuestros pequeños.

Vía | Ser Padres Hoy

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