
Si hay una niña en Hollywood que ya nació con el destino impuesto de ser triunfadora, esa es Drew Barrymore. Descendiente, por parte paterna, de una larga tradición familiar dedicada al mundo del cine, no en vano su abuelo, John Barrymore, fue uno de los actores más importantes de Hollywood de la década de los treinta. Así que antes de que cumpliera los dos años, la pequeña Drew ya era habitual en los castings para hacer televisión, consiguiendo hacer publicidad siendo, todavía un bebé.
Pero su primera interpretación “formal” fue en algunas series para la televisión a los dos años. Así creció en glamour y simpatía por lo que a los cuatro años le valió su primer papel cinematográfico interpretando a la hija de William Hurt en la película “Un viaje alucinante (al fondo de la mente)”. Aunque lo más importante de la pequeña Drew estaba todavía por llegar, para bien o para mal.
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